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Bibliotecología Nicaragüense

Dia del Bibliotecologo

Así surgió, en homenaje a Carlos Fonseca Amador: El Día del Bibliotecario Nicaragüense

Mario Arce Solórzano
Bibliotecólogo

Así surgió, en homenaje a Carlos Fonseca Amador: El Día del Bibliotecario Nicaragüense, es un extracto de un escrito inédito que lleva ese mismo título y que metodológicamente fusiona en su estructura interna la investigación documental y el testimonio bibliotecario. He aquí una propuesta breve y concisa de esta nueva producción bibliotecológica.

Desde la fundación de la Biblioteca Nacional en 1882, incluyendo el lento desarrollo de las bibliotecas escolares, públicas y municipales del país, hasta su reubicación y eventual establecimiento en los primeros años de la década de los años cincuenta en el área norte de los Mercados Central y San Miguel, en la antigua ciudad de Managua, que destruyó el terremoto de 1972, no se ha encontrado evidencia documental en el panorama bibliotecario nacional, de un hito que haga memoria y ennoblezca la labor y el aporte del bibliotecario en la sociedad nicaragüense.
Revisando en documentos de diversas épocas los antecedentes de las acciones de las bibliotecas de nuestro país, encontramos una serie de hitos que versan sobre las celebraciones del Día del Libro, de las Bibliotecas y sobre el ser y quehacer del bibliotecario en Nicaragua.
Con ellos he reunido una colección de hitos bibliotecarios de celebraciones y conmemoraciones que datan desde finales del siglo XIX hasta nuestros días, que han sido extraídos de citas de documentos, acuerdos presidenciales y ministeriales, reglamentos bibliotecarios, testimonios y ayuda memoria de esos acontecimientos, que han enriquecido la Bibliotecología Nicaragüense. Aclaro, que a pesar de los esfuerzos invertidos en este trabajo, esa colección de hitos es por sí misma incompleta, por las limitaciones de los recursos con que se cuentan para culminar con éxito y precisión de información dichas investigaciones.

No obstante entre las celebraciones a la cultura de libros y bibliotecas se destacan las primeras exposiciones de libros extranjeros y nacionales que se llevaron a efecto entre 1900 y 1940 en la Biblioteca Nacional de Nicaragua.

Para octubre de 1948 sobresale la “Fiesta del Libro” actividad que conllevó un festival literario educativo en la Universidad Nacional de Nicaragua, hoy conocida como Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, en sus Escuelas Facultativas, involucró también a los Institutos de Secundaria, Escuelas Normales del Estado y todos los centros primarios de la República, así como una Exposición de Libros de Autores Nacionales en el local del Ministerio de Educación Pública.

Con sello bibliotecario no puede faltar el primer esfuerzo gremial que realizó como un objetivo de primer orden, la primera Asociación de Bibliotecarios Nicaragüenses (ASNIBI), en 1963, que entre sus primeros acuerdos se encuentra uno que manda a “fijar el 14 de noviembre como el Día del Libro en Nicaragua”.

Con el espíritu del anterior acuerdo se organizó a finales de 1964 la primera celebración gremial en conmemoración al libro nicaragüense, es decir, la Primera Campaña Nacional del Libro. La cual se organizó con un comité en cada Departamento con el propósito de colectar fondos bibliográficos y económicos para las bibliotecas. Esta campaña se efectuó a partir del 18 de enero hasta el 6 de febrero de 1965, en conmemoración del nacimiento y muerte de Rubén Darío. Esta actividad fue masiva y participó la sociedad, los estudiantes, escuelas, colegios, gobierno, empresa privada y obtuvo resultados maravillosos para bibliotecas y bibliotecarios

Luego apareció en el panorama nacional por influencia española y de organismos internacionales el 23 de abril como el “Día del Libro, que inicialmente y en homenaje a Miguel de Cervantes se celebró en España desde el 23 de abril de 1930 y que en 1964 quedó instituido oficialmente por la UNESCO como el Día Internacional del Libro para todos los países de lengua castellana y portuguesa.

Posteriormente el gobierno de turno de Nicaragua en 1969, oficializó en el país la celebración del Día del Libro en el país y orientó que en la Educación Primaria, Secundaria y Superior, se debía celebrar cada año ese día con mucha creatividad y en homenaje al escritor del Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, Miguel de Cervantes Saavedra.

En los años ochenta, época revolucionaria, se dio un detonante maravilloso para la cultura del libro y el combate a la ignorancia, fue la realización de la Cruzada Nacional de Alfabetización, que se llevó a efecto del 23 de marzo al 23 de agosto de 1980, con la cual se redujo el analfabetismo del 51% al 12.9% en todo el país.

También se registran otros hitos de esa época entre los que sobresalen como verdaderas conquistas bibliotecarias, los siguientes:

• El Primer Curso de Capacitación Bibliotecaria “Carlos Fonseca Amador, noviembre, 1979 – enero, 1980, que fue en su seno organizativo que surgió lo del “Día del Bibliotecario” en Nicaragua.

• La fundación e inauguración del edificio para la Biblioteca Infantil “Luis Alfonso Velásquez Flores”, única biblioteca con edificio propio que se construyó en la época revolucionaria y que aún está vigente en la actualidad, y está pidiendo a gritos silenciosos que la saquen de su anquilosado estancamiento bibliotecario.

• La llegada de los dos primeros Bibliobuses Nicaragüenses, el “Simón Bolívar” que fue donado por el Gobierno de Venezuela y el Bibliobús “Bertolt Brecht” que fue donado por bibliotecarios y mucha gente del pueblo de Alemania a través de Elisabeth Zilz.

• Y las siete Campañas Nacionales del Libro “Carlos Fonseca Amador” que se llevaron a cabo desde 1981 y 1988, las que en sus realizaciones trabajaron en armonía interinstitucional con el MED, la antigua ANIBIPA, MICULT y otras organizaciones del ámbito nacional de la época.

En los años noventa, los bibliotecarios han continuado celebrando al libro y a la biblioteca, en esa memorable fecha del 23 de abril, desde la perspectiva de la UNESCO que en 1995 proclamó el 23 de abril, Día Mundial del Libro y de los Derechos de Autor, en memoria a tres grandes escritores de trascendente relevancia, que murieron un 23 de abril: Miguel de Cervantes, William Shakespeare y Garcilaso de la Vega.

Y una celebración que en los años reciente del presente siglo XXI que ha tenido aceptación, es la del “Día Internacional del Libro Infantil” en conmemoración al escritor sueco de cuentos infantiles Hans Christian Andersen, a quien se le ha denominado “el padre de la literatura infantil”, evento éste, que año con año retoma la Subdirección de Bibliotecas Públicas de la Biblioteca Nacional, junto con la organización de Libros para Niños, el Instituto Nicaragüense de la Cultura y otros organismos relacionados con la cultura del libro y la lectura en el país.

Todo este hermoso panorama fue posible gracias al ser y quehacer del bibliotecario nicaragüense, desde aquellos anónimos y recién castellanizados indígenas, que trabajaron en las primeras colecciones de libros de las “Bibliotecas para Indios” de la época Colonial, pasando por los bibliotecarios conventuales, también por innombrables y desconocidos bibliotecarios escolares, públicos que fueron antes de la aparición en la historia bibliotecaria de Camilo Saravia, quien ostenta desde 1869 el título de bibliotecario con un primer salario de cuatro pesos mensuales, hasta llegar ahora a nuestros bibliotecólogos y caber-bibliotecarios.

Luego engalanó la profesión del bibliotecario nicaragüense el nacimiento y constante desarrollo de nuestra Biblioteca Nacional, que nos ha legado en su historia una vasta y riquísima colección de hitos, que en áreas administrativas, técnicas, jurídicas, de lectura, cultura e informática bibliotecaria, han sido y seguirán siendo referentes bibliotecológicos en su devenir histórico.

En ella nuestro Rubén Darío – bibliotecario, es otro hito de gran relevancia que ennoblece nuestra vocación, ya que el paso de don Rubén por la Biblioteca Nacional entre 1884 – 1885, nos dejó lecciones bibliotecarias trascendentes, entre ellas: el exigido conocimiento de libros y colecciones; la importancia y práctica exigida de la lectura personal; la necesidad de apropiarse de una cultura universal a través de libro y la biblioteca; así mismo propuso el uso, manejo y memorización de los diccionarios como una referencia obligada en el ser y quehacer bibliotecario.

Así también, como el ejemplo de Rubén Darío – bibliotecario, encontramos a lo largo del siglo XX, hombres y mujeres bibliotecarios con estudios y profunda vocación que han dado aportes concretos a nuestra Bibliotecología Nicaragüense, no los nombro a todos por la exigencia de tiempo de esta conferencia, pero los recuerdo y los dejo como un mojón en este camino que volveremos a desandar en próxima ocasión.

No olvidamos, entonces, los muchos bibliotecarios extranjeros que también han puesto su granito de arena en nuestra educación, crecimiento y desarrollo bibliotecario nacional, atrevidamente, nombraré algunos muy significativos: Gastón Litton, en la “Biblioteca Americana Nicaragüense; Eilen y Thomas Bloch, en la Biblioteca UCA e INCAE, respectivamente; los chilenos Walterio López en la UNAN – León y Fidel Coloma González en la Biblioteca Nacional; Elisabeth Zilz en el Bibliobús “Bertolt Brecht”; y una larga lista más de profesores del Departo y Escuela de Bibliotecología, respectivamente, más un ramo de encendidos oros de colegas que actualmente laboran entre nosotros y a los cuales acogemos dentro de nuestro gremio con mucho cariño.

Bueno, por tales razones, sostenemos que el Día del Bibliotecario Nicaragüense no llegó a la historia de nuestra bibliotecografía por vía de un frío decreto oficialista, sino por el calor tropical, ardiente, solidario y fraterno de un sinnúmero de acciones generadas por bibliotecarios, hombres y mujeres, que a través de su trabajo y quehacer socio-cultural desde las bibliotecas, ha generado un caudal de actividades, que fueron acompañadas a veces desde el gobierno, la empresa privada e instituciones nacionales y organismos internacionales.

Con esa inspiración que venía de antaño y con el impulso de una revolución popular en ciernes, en noviembre de 1979, nació desde una unidad bibliotecaria monolítica, sostenida por más del 90% de los primeros graduados de bibliotecología del Departamento de Bibliotecología de la UCA, enfocados en dignificar y ennoblecer la labor del bibliotecario, unánimemente, surgió así, “el Día del Bibliotecario Nicaragüense”.

Y en homenaje a Carlos Fonseca Amador – bibliotecario, surgió sin discusiones bizantinas ni imposiciones “cuasi revolucionarias”, muy propias de momentos en muchas situaciones no bibliotecarias observamos; la moción no tuvo nombre ni apellidos porque los que ahí estábamos nos unía un sólo espíritu fraterno.

Esa decisión colectiva, la primera en su género dentro del gremio nacional, fue el resultado de un llamado colectivo, que llevaba por objetivo, sembrar la semilla de los principales fundamentos modernos de las técnicas bibliotecarios establecidas en el país, se dio en medio de la planificación de lo que sería: “El Primer Curso de Capacitación Bibliotecaria “Carlos Fonseca Amador”, evento que capacito a 150 bibliotecarios entre empíricos y técnicos de todo el país.

La concertación de ese momento nos llevó a los reunidos en esa ocasión, a filosofar el porque de ese homenaje, más de un bibliotecario y varias bibliotecarias, expusieron las virtudes de Carlos Fonseca Amador como bibliotecario del Instituto Miguel Ramírez Goyena, como fundador del FSLN, como comandante guerrillero caído en combate un 8 de noviembre de 1976 en las montañas de Zinica, Matagalpa, Nicaragua.

Así surgió el “Día del Bibliotecario Nicaragüense”, es por tal razón que este recién pasado 8 de noviembre de 2007, celebramos el 28 Aniversario de la hazaña del antiguo gremio bibliotecario nacional, que nos heredó ese precioso hito que dignificó nuestra identidad, vocación y profesión bibliotecaria, que hoy se validad nuevamente con más de cuatro celebraciones bibliotecarias masivas, que se han realizado en el país y que llevan ese estandarte conmemorativo.

Indudablemente con ella se renueva hoy de manera consciente a través de la visión y valoración que de Carlos Fonseca Amador, tenían en aquel entonces nuestros hermanos bibliotecarios nicaragüenses. Podemos afirmar ahora, después de hurgar la vida y obra de nuestro homenajeado y de ponerlo en perspectiva bibliotecológica, que tiene múltiples facetas que se adhieren vitalmente al perfil de un verdadero bibliotecario.

Entre ellas, Carlos Fonseca Amador se destaca como un estudiante excelente; un lector tremendo e infatigable; un investigador de la historia, geografía, literatura, economía, política, etc., y de la realidad nicaragüense; un poeta y escritor revolucionario que batalló con su pluma las injusticias de la dictadura somocista; un hombre de avanzada que fundo una organización, el FSLN, que hizo historia antes y después de su caída en combate y por último un comandante guerrillero que llegó hasta las últimas consecuencias como un hombre de verdad, por eso quiero cerrar esta reseña de sus virtudes, con las palabras del poeta José Coronel Urtecho, él dijo:

“Carlos Fonseca Amador ... siempre decía la verdad ... y vivió su verdad hasta las últimas consecuencias.”

José Coronel Urtecho
“Conversación con Carlos”


Y si alguien duda de que la elección que nos legaron aquellos bibliotecarios de 1979, de los años ochenta dirían otros, les tengo dos evidencias extranjeras, que nos dan argumentos valederos para sostenernos aún más en semejante herencia bibliotecaria:

En primer lugar, el famoso buscador Google valoró el 8 de noviembre de 2007, a las 4:35 p.m. hora de Nicaragua a Carlos Fonseca Amador, bibliotecario, con 75.100 documentos y sitios a su favor. En el año 2002, realicé la misma búsqueda y alcanzó casi 40 mil sitios y en 2005, me arrojó un aproximado de 55 mil sitios, que incluyen entre muchos más, bibliotecas, museos, noticias, biografías, reconocimientos, ensayos, críticas, apreciaciones, bibliotecas virtuales, enciclopedias electrónicas, organizaciones, cooperativas, fundaciones, etc.

Eso evidencia que más allá de las fronteras terrenales de nuestro país, Carlos Fonseca Amador, bibliotecario, es considerado un personaje de gran importancia. Hablando metafóricamente, Carlos Fonseca Amador, ¡vive!, en el Internet, sus fotografías, virtudes y hazañas, viven el cyber-espacio, ¡cuánto más debe vivir su memoria y legado entre el gremio bibliotecario nicaragüense!

En segundo lugar, encontré en Internet un escrito bajo el título “Bibliotecarios que hicieron historia”, en dicho documento se le rinde un sentido homenaje a Carlos Fonseca, el bibliotecario y el revolucionario, cito textualmente:
Carlos Fonseca (1936-1976): Bibliotecario y revolucionario.
El nicaragüense Carlos Fonseca Amador, uno de los fundadores del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), fue uno de los revolucionarios latinoamericanos más importantes de las décadas del 60 y 70. Luchó por la libertad de su país y murió combatiendo a una de las dictaduras más sangrientas y corruptas de Latinoamérica: la que era encabezada por la familia Somoza, desde el asesinato de Augusto Cesar Sandino, en 1934. Su amor por los libros, su trabajo como bibliotecario, como escritor y su militancia por un mundo mejor, son características dignas de recordar y de difundir en nuestro espacio.
A continuación, ese documento electrónico, presenta una biografía y valorativa de Carlos Fonseca Amador, que respaldan los criterios expresados. Explican además que hay una sección en ese sitio web que tiene como objetivo, recuperar la memoria histórica de personas célebres que trabajaron en bibliotecas, pero que no se las conoce por este aspecto sino por otros, como son los casos de Mao Tsé Tung, Golda Meir, Immanuel Kant, Carlos Fonseca, Marcel Proust, Goethe, José Torre Revello, Juan Tumburus, Federico Birabén, Roberto Juarroz o Augusto Raúl Cortazar, más conocidos por otras disciplinas en que se destacaron, que por su labor bibliotecaria.
También destacan lo que plantea el bibliotecario Alejandro Parada, cuando dice que "Debemos tomar conciencia del peligro que amenaza a una profesión que no analiza ni recrea a las personalidades de su historia y que desdeña o siente apatía por el cuerpo teórico que la ha formado, ya que una bibliotecología que sólo se ciñe a la operatividad eficiente del presente, a la larga, tarde o temprano, puede perder o enajenar su porvenir".
Finalmente, en defensa de nuestro porvenir bibliotecológico, termino exhortando como ya lo he hecho en otras ocasiones, al afirmar que “Por ley o decreto oficial de nuestra República nunca ha habido un respaldo que dignifique jurídicamente el Día del Bibliotecario Nicaragüense”, por tanto, apremio al gremio nacional y a sus representantes más connotados, ANIBIPA, al SIBIUN, a la Red de Bibliotecas Escolares del MINED, a la Red Nacional de Bibliotecas Públicas, en fin, a que se unan, que se fusionen en una sola voluntad, para que en un futuro lo más cercano posible, oficialicen jurídica y legalmente el “Día del Bibliotecario Nicaragüense”.
Bibliografía Citada y Consultada


Alvarado Moreno, Jimmy. Historia de la Biblioteca Nacional “Rubén Darío” de Nicaragua. Managua, INC., 2001, p. 95

Boletín de la Biblioteca Central de la UNAN, [León], No. 3, 1964, pp. 4.

Arce Solórzano, Mario. “El Día del Bibliotecario nicaragüense”. La Prensa, Sección Revista, 8 de noviembre, 2002, pp. 10 B.

Arce Solórzano, Mario. Panorama Cronológico de la Historia de la Bibliotecología en Nicaragua: 1524 – 1991. Managua, Biblioteca Nacional “Rubén Darío” de Nicaragua, 1991, p. 71.

“Día Mundial del Libro”. http://englishcity.iespana.es/diadellibro.htm
Guevara Gutiérrez, Maryorit. “Celebran ‘Día del Libro Infantil’”. http://www. ni.laprensa.com.ni/cronologico/2003/abril/02/revista/revista-20030402-04.html
http://politicaybiblioteca.com.ar/joomla/index.php?option=com_content&task=view&id=19&Itemid=36
http://www.abinia.org/nicaragua/ensenanza.htm